30 de julio de 2017

El corrido de Juan Marta

En su funeral, un capo de la mafia capitalina es despedido por la canalla con vivas y vítores. ¿Su virtud? Ser macho, rufián, ir en contra de la norma y del Estado. En los mexicanos todavía late esa fascinación por el hombre fuerte que triunfa por encima de la ley hasta ser uno con el poder y con la opulencia. Nuestra ridiculización del “Godínez” tiene justificación idéntica. Los godínez son empleaditos, trabajan ocho horas o más, pagan impuestos y ahorran para su jubilación, qué pendejos, merecen la burla. Seguro hasta respetan la luz roja del semáforo. Ahora se sabe que "El Ojos", así fue bautizado por el cura el matoncillo, era sostenido desde lo institucional por el mismísimo delegado de Tláhuac, Rigoberto Salgado, miembro del partido MORENA desde su fundación. Todo se relaciona. El éxito del Peje como candidato tutankamónico está fundamentado en ese rencor tan nuestro contra todo lo que se suene normativo y oficial. Él, piensa el vulgo ignaro, es la otra voz, la disidencia. Ignoran, casi siempre voluntariamente, que vive de los impuestos que pagan los comercios y empresas y que entre sus filas ha incluido personajes de la talla de Monreal y Bartlett. Como buenos priístas, esta runfla de malandrines medra asociándose con sindicatos charros, grupos de presión y hasta cárteles de la droga, como el del ya mencionado Ojitos o el de los infames Abarca, aprovechando que el pueblo bueno está ávido de entronizar a los hampones. Nos irrita que se confronte al narco. “Se debe pactar” dicen los informados. Hace no muchos años queríamos que Caro Quintero pagara la deuda externa y todavía se propala el mito de que el Chapo hizo más por su comunidad que cualquier rama del Estado. Es que esos sí son hombres, no godínez.

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